Pasión: Vehemencia, entusiasmo. Amor, cariño. Afición. FÚTBOL.
Se me eriza
la piel solo con el hecho de recrear en mi mente las canchas llenas de personas
que alientan a su equipo, sin importar la posición en la tabla del torneo, el
humo de colores, los papelitos cayendo desde la popular, desde las plateas
altas. Los once gladiadores que defienden su escudo saliendo por la manga, el
estallido de la gente al ver asomarse al capitán de su barco.
El canto
constante durante todo el partido, el “Ooleee“multitudinario ante la evasión de
un rival. El estruendoso grito de Gol, el festejo, los enormes abrazos a
desconocidos. Los globos. Los aplausos. Las gargantas con las venas
completamente visibles, marcadas por el esfuerzo del grito. Ese que duele, pero
el amor, la pasión es mucho más grande.
Esos lunes comenzando el día sin voz.
Las lágrimas, de felicidad, de bronca.
Los abrazos
entre jugadores, esa palmada en la espalda a un compañero después de un gol que
no fué.
Ese orgullo
de salir a la calle con la camiseta que amás, que es mucho más grande cuando
perdés que cuando ganás. La
desesperación cuando ves que le pegaron a uno de los tuyos y que el árbitro
dice “siga siga“.
La previa,
el partido, y el post partido intentando entender absolutamente todo.
Para muchos
puede ser simplemente un deporte, o “Veintidós tipos corriendo atrás de una
pelota“. Para mi es una pasión, es algo
que me transmitieron de chiquita y que elegí de más grande.


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